Ante el alto riesgo climático, los expertos de WTW recomiendan priorizar seguros paramétricos y cautivas sobre coberturas convencionales para proteger el flujo de caja y la liquidez
Diversos eventos naturales, como el Fenómeno de El Niño y sucesos meteorológicos como Dana y Aníbal, sumados a la actividad sísmica en países vecinos, ponen de relieve la vulnerabilidad que enfrentan tanto las personas como las empresas ante estas anomalías climáticas; dejando en evidencia la urgente necesidad de fortalecer la preparación para afrontar este tipo de situaciones.
En relación con el Fenómeno de El Niño, se prevé un impacto severo en las operaciones del norte del país. De acuerdo con el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP), regiones de alta vulnerabilidad como Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Áncash, Ica y Cajamarca, las cuales representan el 33% del PBI agropecuario y más del 60% del PBI pesquero, paralizarían sus actividades. Esta interrupción afectaría de manera directa a trabajadores, comunidades locales y cadenas de proveedores, evidenciando así la magnitud del impacto económico potencial.
Ante esta realidad, es imperativo que las empresas replanteen la gestión de riesgos financieros. El error habitual de los comités directivos ha sido priorizar únicamente la protección de bienes físicos e infraestructura; sin embargo, ante un desastre natural, la verdadera amenaza es la parálisis operativa y la asfixia del flujo de caja. Por ello, la prioridad estratégica debe desplazarse hacia garantizar la liquidez inmediata, asegurando así la continuidad del negocio durante las semanas críticas posteriores a la emergencia.
Para responder a este desafío y evitar una crisis de liquidez, Gianfranco Tapia, Head of P&C de WTW, propone la implementación de seguros paramétricos como una herramienta de respuesta rápida. “A diferencia de las coberturas tradicionales, este esquema garantiza la continuidad operativa mediante una inyección ágil de capital basada en métricas objetivas como el volumen de lluvia acumulada o la intensidad sísmica, lo que permite a las empresas recibir indemnizaciones en cuestión de días y asegurar su estabilidad operativa frente a eventos climáticos extremos”.
Complementariamente, las corporaciones de mayor envergadura están optando por establecer sus propias compañías aseguradoras, conocidas como cautivas. Este modelo les permite gestionar de manera autónoma sus niveles de retención de riesgo, otorgando un mayor control estratégico sobre la siniestralidad, optimizando la estructura de costos financieros y reduciendo la vulnerabilidad ante la volatilidad de precios del mercado asegurador tradicional.
Para que la implementación de estas soluciones de transferencia de riesgo sea efectiva, el especialista de WTW sugiere que las organizaciones aborden la gestión bajo tres consideraciones estratégicas:
- Diagnóstico territorial y operativo: Evaluar detalladamente el entorno geográfico de la operación para prever cómo la afectación de vías de transporte o servicios básicos interrumpiría la cadena de suministro, incluso si las instalaciones propias no sufren daños estructurales.
- Articulación del Plan de Continuidad de Negocio: Comprender que el respaldo financiero es un complemento y no un sustituto de los protocolos de seguridad física y las medidas para proteger la relación con clientes clave durante la emergencia.
- Alineamiento con los stakeholders: Contemplar el impacto social de una eventual paralización sobre los colaboradores, autoridades y comunidades vecinas, asegurando que la estrategia de cobertura resguarde la viabilidad y reputación del negocio.
“La clave para afrontar la incertidumbre climática está en combinar modelos predictivos avanzados con esquemas de financiamiento ágiles, consolidando así una estrategia de protección robusta y capaz de adaptarse a cualquier contingencia”, finaliza el especialista.







